Para mí Berlín ha sido siempre esa ciudad donde volver cada cierto tiempo y descubrir las tendencias bajo esa estética de la decadencia más cool. El barrio de Mitte, a la cabeza siempre de la vanguardia desde que hace años se convirtiese en un lugar de peregrinación para la gente más alternativa, escondía en sus calles para mí uno de los restaurantes referentes de la comida japonesa.
Pero hacía tiempo que no pisaba la capital alemana y en nuestra última visita pude observar que los gustos culinarios se han ido adaptando a los nuevos productos de degustación. Así las hamburguesas, como ha ido ocurriendo en otras ciudades europeas, se han convertido en esa joyita gourmet del fast food que ha hecho que los locales apuesten por dicha propuesta en sus cartas.
Muy cerca de ese restaurante japonés (Kuchi) del que os hablaba, prácticamente al doblar la calle, abrieron aprovechándose de todo este boom de la hamburguesa, el que se ha convertido en el referente de los berlineses a la hora de comer nuestro más preciado manjar.
Nos referimos a Shiso Burger, un pequeño local, muy al estilo japonés aunque adaptado a la burger, donde hay colas en hora punta, y donde las especialidades tan curiosas hacen que sea visita obligada para quienes nos encanta este tipo de comida.
Nosotros fuimos en agosto, no sabemos cómo será la lista de espera los demás meses del año, pero sí es cierto que al acondicionar un mayor número de mesas en la calle, esos tiempos de espera se ven acortados. Por ello no fue difícil conseguir una mesa a pesar de que el local estaba casi completo.
Sentados junto a otros clientes, compartiendo una mesa, algo que es muy del estilo alemán y atendidos rápidamente por unos camareros eficientes en su trabajo, nos dispusimos a ojear la carta con la cual ya empezamos a salivar nada más comenzar a leer lo que ofrecía. Hamburguesas muy diferentes a las que estamos acostumbrados, diversos tipos de patatas, postres y bebidas que nos hacían pensar en Asia pero fusionado con el mundo de la hamburguesa.
El hecho de tener unos precios muy ajustados debido a que las hamburguesas son pequeñas y no vienen acompañadas de patatas, nos dio pie a pedir tres hamburguesas. De esa forma pudimos por fin probar la típica burger que no lleva carne sino champiñón portobello, otra de carne marinada pero que no se presentaba en formato filete ruso sino en trozos, como cuando sacas la carne de un pincho moruno, y la última que era una clásica.
Las tres venían condimentadas con salsa de mayonesa y ketchup, no dan opción de elegir otras salsas en mesa. Lo que las hacía distintas eran su ingrediente principal. La de portobello, Toad burger, muy rica en el aderezo del champiñón gracias al queso azul, pero para nuestro gusto su carne quedaba un tanto dura, lo que hacía que al morder se desmoronase la hamburguesa por no ofrecer un bocado limpio. Se acompañaba de tomate, cebolla morada y canónigos.
La de carne marinada, Bulgogi burger, con un toque picantón y sabores más coreanos por su mayonesa de chili picante, era simplemente espectacular. El marinado perfecto, con ese regusto de picor pero sin ser excesivo. Y acompañada con rúcula. La burger que pedimos normal, muy correcta, no muy ancha ni tampoco muy fina, con la carne un pelín pasada de como nos gusta, y es que no preguntan por el punto de la carne. Servida también con tomate, cebolla morada y canónigos. Aquí echamos en falta aderezarla con un poquito de mostaza.
El pan, igual en todas las hamburguesas, de lo mejorcito, esponjoso, tostado por su parte interior, con un ligero toque dulce pero sin pasarse.

Como no venían servidas con patatas, pedimos unas especiales que tienen en carta, presentadas enrolladas sobre un pincho y condimentadas con un poco de pimentón, que acompañaban con ketchup y mayonesa. Al venir dos en la ración, fueron el complemento perfecto para nuestras hamburguesas.
Para beber quisimos acompañar la cena con un té helado de jazmín y una cerveza japonesa Asahi. Vimos que había mochis de postre y ya se nos hacía la boca agua cuando terminamos con nuestras hamburguesas, pero al final se habían agotado, algo que suele ser normal cuando vamos a un restaurante de corte japonés.
Como veis es un restaurante un tanto atípico dentro del universo hamburguesa, esos toques fusionando la cocina japonesa con coreana, tan presente en entrantes como el kinchi (col china condimentada muy picante) o las judías verdes edamame, son sin duda lo que hace diferente a este local tan solicitado por el público berlinés, que disfruta tanto sentado en sus mesas como en sus casas gracias al take away.
PRECIO DESGLOSADO DE LA VISITA:
HAMBURGUESA NORMAL: 4,20 euros
BURLGOGI BURGER: 5,90 €
TOAD BURGER: 4,50 €
2 TWISTED POTATOES: 3 €
1 CERVEZA ASAHI: 3,50 €
1 PINK SHISHO ICE TEA: 3,70 €
TOTAL: 24,8 €s
http://www.shisoburger.de/index.html
Pero como también queríamos probar otro tipo de hamburguesas, quisimos acercarnos al Berlin Village Market, un lugar de esos abandonados que han sido recuperados para utilizarse como espacios dedicados al noble arte de comer, en su versión fast food y a la cultura.
Situado en un solar a espaldas del singular puente Oberbaum, nuestra sorpresa y desilusión fue grande al saber que sólo lo montaban los fines de semana, así que dimos media vuelta y en nuestro paseo hacia el metro, encontramos Burgerium, un local de esos que nos recuerdan al antiguo Malasaña, con las paredes pintadas con el logotipo del bar y con una única especialidad: la hamburguesa.
En esta ocasión quisimos pedirlas para llevar y estuvimos dudando varios minutos sobre qué burgers probar. En este local tampoco vienen acompañadas de patatas, con lo cual, como sólo queríamos degustar aquellas hamburguesas que parecían tener tan buena pinta, nos decidimos por una que iba servida con chucrut y otra que llevaba patatas fritas en su interior con una salsa que podía recordarnos a la brava.
El cocinero las preparó delante nuestro, en la gran plancha, muy al estilo de los locales de kebap donde ves cómo preparan todo delante del cliente. Las cogimos para llevar y nos fuimos directos a la explanada del Altes Museum, hacía muy bueno y nos apetecía comer comer las hamburguesas con vistas al museo y la catedral.
Las burgers, como vienen siendo habituales en Berlín, no son muy anchas, más bien finas aunque sin llegar al extremo de las tradicionales cadenas de comida rápida que todos conocemos. Que sean finas hace que pierdan en jugosidad en su punto de cocción (obviamente en este caso no preguntan por el punto preferido) pero sin embargo éstas gozaban de un marinado con toques árabes muy rico. La de chucrut, The German, especialmente buena, estupenda gracias a la col agria y al queso edam. La de patatas, sinceramente sobraban, pero es la Burgerium Best y nos dio curiosidad probarla, nada especial excepto esa salsa de tomate tipo brava y de nuevo el marinado de la carne.
En definitiva, hamburguesas a buen precio, muy correctas pero con excepcional marinado, que sacian el instinto carnívoro cuando vas paseando por una ciudad como Berlín y te entra apetito. Ah, y de tamaño son más grandes que las de Shiso Burger, pero tampoco es que sean enormes.
PRECIO DESGLOSADO DE LA VISITA:
THE GERMAN: 4 €
BURGERIUM BEST: 4 €
TOTAL: 8 €

Añadir nuevo comentario