Como buenos peregrinos de la carne emparedada que nos consideramos, no dudamos ni un instante en recorrer calles y buscar rincones en busca de una buena hamburguesa. Fue así como llegamos a Menta y Cilantro, un local que, aunque cuenta ya con unos años a sus espaldas, parece que empieza a sonar en el mundillo hamburguesero. Situado en una zona aislada del mundanal ruido, de cierto nivel, aunque con un polígono industrial como aledaños. Encontramos una terraza nada más pasar la puerta, que sirve como prefacio a un saloncito pequeño, donde poder resguardarnos los días de frío.

Con una clara influencia latina, en la carta podemos encontrar un poquito de todo, pero sin saturarnos, donde nuestras amigas las burgers tienen su espacio de importancia, contando con dos opciones clásicas y unas cuantas más "gourmet", las cuales cargan con unos precios más próximos al centro de Madrid que a una zona más periférica (13 €).
Como somos tan croqueteros, no pudimos evitar lanzarnos de cabeza a este plato para ir haciendo hambre. De jamón y boletus, la idea parecía bastante atractiva a simple vista o al menos lo fue hasta que nos llegaron a la mesa y comprobamos que se trataba de un producto congelado, con una masa demasiado líquida, donde el sabor de sus ingredientes había desaparecido y con un exceso de grasa considerable. Para que nos entendáis, se acercaban más a unas croquetas pequeñas de ésas de catering de boda que de un sitio que aspira a ser mucho más.

Sin tiempo para recuperarnos de la "sorpresa", llegaron nuestras hamburguesas que, a pesar de haber pedido las dos opciones clásicas, nos llegaron como una única receta duplicada, es decir, la que ellos han bautizado como New York y que alberga, junto con la carne, de la que ahora hablaremos en profundidad, cebolla, queso, tomate y lechuga. Sencillita.

Como os decimos, la carne, en una forma aceptable para sus 180 gramos y a pesar de llegarnos en un punto acertadísimo, está absolutamente sosa, dejando la partida del sabor en segundo plano para buscar regocijo únicamente en su picado, casero de verdad. Hemos leído por ahí que su proveedor es La Finca, viejos conocidos, que aquí, parecen hacer de menos a un local que no lo merece, ofreciendo un producto al que se le podría sacar más partido.

Del resto de ingredientes, sólo llama la atención el queso, fundido, pero sin pasarse, que acompaña a la perfección cada bocado, disimulando los defectos de una carne sosa, sin personalidad y algo gelatinosa.
Además, el pan se nos antojó excesivo en cantidad, sin tostar y que, aunque fue un gran acompañante, se llega a hacer un poco tedioso de comer. Cosa que también le ocurre a las patatas fritas que acompañaron a la hamburguesa, cortadas en gajos enormes, con cierta acumulación de aceite y un poco incómodas. Sin nada de sal, se quedan un poco sosas y es inevitable el baño en alguna salsa.

En definitiva, aunque la dirección es la adecuada, falta algo más que buena imagen en Menta y Cilantro. En una lástima que, teniendo todo a favor de convertirse en un garito hamburgusero al que acudir y disfrutar, se quede en un simple meh, que pasa por nuestras cabezas y estómagos sin pena ni gloria. Y ojo, que los precios, si queremos algo más "gourmet", son como para exigir de verdad. Nos los guardamos para posibles visitas en busca de ese pasito de calidad que echamos de menos.
PRECIO DESGLOSADO DE LA VISITA
2 BOTELLAS DE AGUA: 3 €
1 CROQUETAS: 7.5 €
2 NEW YORK BURGERS: 17 €
TOTAL: 27.5 €

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Menta y Cilantro
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